Es habitual que las personas mayores sufran problemas de mala circulación sanguínea. Esto afecta, principalmente, a las piernas, las manos, los tobillos y los pies y puede llegar a repercutir en el funcionamiento de algunos órganos. Si no se trata debidamente puede desencadenar enfermedades crónicas, producir un accidente cerebrovascular o provocar el deterioro del sistema renal. Por otro lado, las personas con problemas de circulación son más propensos a sufrir una caída, con el riesgo de que se produzca una fractura de cadera u otro tipo de complicaciones, con graves consecuencias para su salud.



